Insondable Rueda Estelar de la Existencia

Y, cuando yo me vaya, Madre,
Tú seguirás, Incansable,
dándole al Manubrio de la Vida,
la Rueda Eterna de lo Interminable…

Girando una y otra vez…
girando y girando en la locura de la Vida…
Vivir es una locura, lo sabes…
Mas ¿por qué vives tú, dime?, tan inagotable…

Vivirás, de nuevo, en nuevas criaturas,
en bebés de madres…
de madres de cualquier especie.

Esas madres que, temerosas, protegen
a sus criaturas, como las primeras y las últimas.
Porque nunca se sabe, porque en cada Madre,
no importa de qué Madre se trate,
está inscrita la Gran Madre
que cuida de todas las Madres.

Y, cuando yo me vaya, Madre,
sé que es posible que solo descanse,
pero y ¿tú?: tan Infatigable.
Dando la Vida una y otra vez
a los millones de Criaturas
que re-Creaste…

Me siento miserable, Madre,
porque, a veces, en vez de levantarme,
siento el cansancio, el peso de esta Vida…
sin recordar, que tú eres Incansable…
Pensando solo que, un día,
quizás pronto, quizás más tarde,
marche y en ese Viaje ya Libre de todo Peso,
de Ti ni me Acuerde.

Por eso mismo, déjame que te diga Madre
que cuando vaya cerrando mis ojos
solo a ti Quiero Verte…
No quiero ver ni seres de Luz, ni Ángeles,
no quiero ver ni un pasillo ni un cielo,
ni quiero ver entidades gloriosas…
Solo quiero ver a todas y cada una de tus Creaciones:
¡Mariposas, Flores, Saltamontes,
Lobos, Elefantes y Gatos Salvajes,
Acacias resplandecientes, Higueras preñadas,
millones de Espigas con las que nos Alimentaste!!!

Sí, reconozco: soy muy egoísta,
porque al contemplarte, es posible,
que tarde demasiado en darme cuenta
que ya no puedo Tenerte ni Explorarte.
Es posible que se me vaya la Eternidad
entera mirando por esa ventanita
de tu Corazón y que en ese éxtasis
me olvide de toda Luz o de cualquier Ángel…

Sí, Madre… Déjame que te diga
que, de entre todo y todos los malestares…
tú Habitas brillante,
porque Tú eres Yo, y Yo soy Tú Misma.
¡Qué conquista Más Grande!
Reconocer y quedar prendada de tu Infinitud,
de tu Lucha instante a instante…

Veré todos los rostros resplandecientes
de Niños, de Niñas que te expulsan
con la fuerza del llanto a través de sus pulmones.

Veré todos esos delfines que nacen de sus madres,
a las que identifican aunque sean miles entre millares.
Veré las Manzanas que nacen como la panza preñada
de la Flor con la que un día a los insectos alimentaste.
Veré la Vida Debatiéndose GLORIOSA en los mares.
Veré los grillos y las ranas, las lagartijas, las serpientes…
Veré los pájaros desnudos cuando nacen
y a los que recubres poco a poco para protegerles.

Veré, por fin, los Rayos Solares con los que nos alimentas.
Veré la cara plateada lunar y los guiños estelares…

Perdóname, Madre, porque quizás me dilate
un poco en mi último sueño…
Porque el Sueño auténtico eres Tú
el Paraíso de la Existencia,
la Compañera eterna de la Rueda Estelar
que siempre fluye… no se sabe bien de dónde.

Perdóname porque tú me enseñas
¡A NO SER MISERABLE!

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