Una historia para vuestro Corazón

Esta es una historia para que tod@ aquel que quiera entender: Entienda. Desde luego sólo, así lo creo, sólo hay una forma de Entender, y es desde el Corazón.

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Tengo una Amiga. Por “nece-sidades” de esta vida-mundo se está viendo obligada a asistir a Caritas a recoger comida una vez al mes. Comida que no le soluciona el resto del mes, pero que algo es, dentro de todo lo malo de este socimundo donde se “predica” con la boca grande eso del estado del “bien-estar”, y, donde, a la hora de la verdad, el puño se cierra de una mano, para abrir la otra y recoger documentación. Cierto que hay “casos” en que la ayuda a veces se extiende de forma real, pero eso no es lo común. Cierto que el llamado “estado” de gobierno no está “obligado” a atender a sus ciudadanos, ya que si éstos no le contribuyen, este estado de gobierno no da nada a sus ciudadanos: el eterno morder la cola de la fraudulencia porque esto es la prueba más contundente de que todos los seres humanos, estamos ALIMENTANDO a ese estado o a esos estados de des-gobierno. No importa si tienes o no tienes, con cada cosa o mínima cosa que “compras” estás llenando sus arcas y sus insaciables estómagos, estómagos depredadores que, en realidad, no atienden a sus ciudadanos si éstos no han desembolsado primero lo que ellos tendrían que dar a los mismos, en caso de que éstos no tuviesen recursos. Es decir: sólo tenemos derecho a cebar al cerdo para que éste luego pisotee en el fango a quienes se encuentren en él. Y esto no es “apología” de la sinrazón de los gobiernos y estados, es una realidad como un puño, como el puño que da en la cara a quienes se encuentran en malas situaciones, temporales y, con pena decirlo, en situaciones crónicas.

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Esta Amiga me contó ayer…

Ayer… precisamente hago otro inciso, porque dicen que no hay “casualidades” en este planeta. Y es verdad. Ayer… precisamente leía una historia concreta en un libro sobre los efectos de la Curación o Sanación de la Plegaria sobre los seres vivos, unicelulares, celulares, y seres mayores y complejos, como nosotros, p. ej. Y, por supuesto, también, incluso, sobre sustancias, y cómo no, sobre el Agua misma de la que bebemos (algunos, porque hay gente que en su vida la ha probado y se nutre de porquerías y preparados).

Ayer leía el caso concreto de sanación de una mujer que empezó a padecer de cáncer en el estómago. Esto sucedió hace muchos años, allá por la década de los ’60. En aquel entonces, no estaban tan avanzados los sistemas de “detección”. La mujer fue abierta y se encontraron el cáncer en plena ebullición estomacal: metástasis y nudos linfáticos, o sea un adenocarcinoma. A la mujer se le extrajo gran parte del estómago, dos tercios. Cerraron el estómago dejando varias metástasis intactas ya que consideraron que estaba todo irremediable perdido, anunciándole a la familia que a la paciente no le quedaban más de tres meses de vida.

Dice el extracto del libro que ella no le tenía ningún miedo al cáncer. Era una mujer aferrada muy firmemente a su fe religiosa, se supone que cristiana. Esto le ayudó a no caer en la desesperación ni en la depresión. Era una mujer joven de 31 años (¡vaya casualidad, por lo que luego os contaré!). Cuenta en su historia que ella se vio forzada a madurar interiormente de forma muy rápida: se dio cuenta de que si ella no fuese creyente, o sea que si no hubiese descubierto su otra forma de vida: la espiritual, todo hubiese sido realmente negativo, con lo cual a partir de ese momento comenzó a dar gracias por la vida que se le había concedido, fuese el tiempo que fuese. Esto dio inicio a un proceso de una forma de vida realmente intenso. Desarrolló una espiral de Agradecimiento cada uno de los momentos en que estaba viva, y esto, con oración o sin ella, dio como resultado que, al cabo de Nueve Años de la operación, gozase de un perfecto estado de salud. Los exámenes posteriores no dieron evidencia de ningún tipo de cáncer: el cáncer se había esfumado de su vida y de su cuerpo.

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Hay magia en todo esto que os explico, de veras, porque el caso que me relataba mi amiga fue el siguiente:

«Estaba en la sala junto con otras personas a quienes nos hacían la encuesta de rutina papelaria para que nos sean adjudicados los alimentos y la ropa mensuales.

En la sala había una mujer joven, muy delgada, muy delgada, a quien no había visto antes. Llevaba a dos niños, uno de unos ocho años y otro de unos seis años, aproximadamente. Estos niños se pusieron a jugar con sus juguetes por debajo de las mesas que había a un lado de la sala. De repente, la chica se puso a gritarles, furiosa, muy furiosa, que se sentasen, que ya estaba bien, que les había ORDENADO QUE ¡!SE SENTASEN, QUE SE SENTASEN INMEDIATAMENTE!! Como tardaban algunos segundos en reaccionar los chiquillos, muy nerviosa metía la mano en el bolso y les amenazaba: ¡¡SENTAOS, O SI NO YA LO SABÉIS!! ¡¡QUE OS SENTÉIS OS HE DICHO!!

La retahíla de gritos y de amenazas hizo sentar a los chiquillos. El mayor se sentó al lado de su hermano. Comenzaron a darse patadas nerviosos el uno al otro: “¡¡Me ha hecho perder mi juguete, déjamelo buscar!!” “¡ALLÍ, HE DICHO QUE TE SIENTES ALLÍ Y NO TE MUEVAS, SINO YA LO SABES, LLAMO A TU PADRE!” y volvía a meter la mano en el bolso nerviosa.

Esto duró más tiempo de lo esperado para todo el mundo. Un hombre mayor (bueno, según él, ya que luego confesó a mi amiga que tenía unos sesenta y pocos años), se le interpuso y le dijo que no gritase así a los niños, que él también tenía hijos y que no tenía por qué gritar así a los chiquillos.

Histérica la mujer joven se le enfrentó y le dijo que no tenía que meterse para nada en cómo ni en la forma en que debía de “regañar” a sus hijos.

El chiquillo grande sentado al lado de mi amiga se puso a llorar. Viendo la chica que el pequeño era consolado por mi amiga, le ordenó levantar para que se sentase a su lado y que dejase de llorar.

No sé lo que esto duró, pero ya todo el mundo se miraba, comentaba y la miraban a ella. Hasta mi amiga deseó que le diese un patatús y dejase en paz a los niños. ¡Cómo estaría la cosa y el espectáculo!

Nerviosa la chica hizo un minuto de pausa, incluso intentó ayudar a otra mujer prestándole un bolígrafo.

Pero esto duró poco. Al cabo de muy poco volvió otra vez la trifulca. Comenzaron a enfrentarse de nuevo ella y este buen hombre.

No sé lo que pasó –me dijo mi amiga–, yo estaba de pie a su lado. El caso es que comenzó a gritar de nuevo a los niños. Sin saber cómo ni cuándo me giré hacia ella y le dije que si tan sólo ella hubiese gritado así a su Hijo durante cinco minutos como ella lo estaba haciendo a sus hijos, sería algo que ella llevaría hasta el fin de su tumba. Le dije: “Te arrepentirás, te arrepentirás, no se trata así a un hijo”. (Esto me lo contaba con lágrimas en los ojos mi amiga.) Luego, me gire hacia ella y le cogí de las manos. Me dijo que no la tocase que había enfermedad. ¿Quién le pregunté? Me dijo que ella estaba enferma. “Tengo lo mismo de mi padre, tengo cáncer en el estómago” “Pero eso no se contagia” le dije, y le seguí cogiendo de las manos. No sé por qué, pero (volvían las lágrimas), le dije que ella lo que necesitaba ERA CARIÑO, QUE NUNCA LA HABÍAN ABRAZADO, Y QUE POR ESO NO SABÍA QUERER A SUS HIJOS. La miré a los ojos y en sus ojos azules vi que empezaban a querer asomar las lágrimas. A mí también. Le dije que llorase, que eso era lo que necesitaba: LLORAR. “¡Anda, vamos fuera a hablar”. Fuera la abracé varias veces y, olvidando lo sucedido allí dentro comenzamos a hablar de su vida. Me enseñó su “horrible” cicatriz, abierta desde arriba del pecho hasta abajo (52 puntos), le habían extraído parte del estómago. Todavía tiene que someterse a más operaciones, pero ya le han dicho que va a haber metástasis hacia los pulmones. Me enseñó las fotos (en el móvil) que le hizo su marido: totalmente entubada y tapada con sábanas. Estuvo dos meses en la UCI. Su marido, me dijo, adelgazó en ese período veinte kilos. Bueno, al final le dio una “patada” al aparato que estaba conectada y allí estaba ella, dos meses después, casi “matando” a sus hijos.

Me decía que estaba feliz de encontrar a una amiga que la abrazase. En esas le llamó su marido, que, veintidós años mayor que ella, tiene un hijo mayor de otra mujer. Este hijo mayor de veintitantos, estaba en el hospital a unos kilómetros, en otro pueblo: su joven mujer había dado a luz a una hermosa niña. (El rostro se le iluminaba a esta nueva Amiga de mi Amiga.) La sonrisa iba de oreja a oreja. Nos habíamos olvidado todos de lo sucedido allá dentro. Le pedí el teléfono y le pregunté dónde vivía. Ella me va a invitar a café, pero no sé cómo porque como ella no pague, yo no puedo, y el caso es que ella tampoco. Bueno, nos veremos. En esas que mientras hablábamos salió el buen hombre que pretendió regañarla por lo de sus hijos. Es un hombre bueno, amable, quizás un poco “borrachillo”, pero qué Buen Hombre es, cómo sonríe. Le pregunté el nombre y la edad. Él riendo decía que era mayor. Yo le decía que era un chiquillo y que la edad estaba sólo en el Corazón y que él lo tiene muy grande. Me dijo que tiene seis hijos, unos aquí, otros allá, casi todos en el extranjero, mientras él,… está viviendo como un vagabundo, casi en la calle, en una casa prestada, y ahora acudía a Caritas a buscar comida, calzado y ropa. Con su voz ronca, casi sin voz, se puso a cantar alguna canción, así por encima, de José Luis Perales y otra de no sé quién. Y se reía y decía que antes cantaba mejor. Y los ojillos se le hacían chispas. Todo estaba olvidado… Todo. Otro hombre se nos acercó y comentamos lo malo de estos gobiernos que no dan nada, que aunque tengas títulos y estudios no te sirven de nada. Allí en Caritas, ya lo sabes: casi todos o son árabes o musulmanes, o rumanos, o polacos. Mi nueva Amiga es Polaca. Se llama, vamos a llamarle María (como se llaman todas las mujeres que somos nosotras).»

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Este Relato llega a mi Alma, a mi Corazón. Sé que María va a vivir más del año o menos que le han dicho los “médicos”. Mi Amiga y yo vamos a hacer lo posible. La iremos a ver juntas.

María TIENE SÓLO TREINTA AÑOS.

Me olvidaba: En esas del trajín de la conversación los niños quedaron libres para hacer de las “suyas” dentro del local, de vez en cuando salían y volvían luego dentro para jugar con otros niños.

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Quien quiera Entender que ENTIENDA, porque esto sólo se entiende desde el Corazón. María NECESITA SÓLO ESO: AMOR. Lo demás, creedme: sobra.

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