La atemporalidad y la Mente Cosmogónica

Vivir sujeto al Tiempo es vivir en la línea recta temporoespacial, donde vamos dividiendo nuestras etapas-vida en base a los “años” que vamos consumiendo.

Como seres humanos estamos sujetos a la modificación de nuestros esquemas físicos(*) externos e internos. Estamos Programados por la Madre Creación para que “suframos” esos cambios.

Estos cambios son las programaciones precisas con que nos insufla la Madre Naturaleza, a fin de que cumplamos nuestra Parte en toda la génesis de la Creación. Muchos quizás se sientan engañados, traicionados, no sólo por la Naturaleza, sino por lo que casi todos denominan “Dios”. Muchos seres humanos se van de este plano sintiéndose totalmente engañados y pensando que han colaborado en un teatro estúpido donde toda su vida ha carecido de Sentido.

Traspasar el umbral de las Edades físicas es llegar a la Mente Cosmogónica. Muchos han nacido o han venido a manifestarse en este plano con la Consciencia de ser eso: mentes cosmogónicas, y en ell@s la a-temporalidad ha estado siempre presente. Han sido embriones, bebés, y, al llegar a la etapa de la conciencia del “yo” desde muy pequeños se han sentido como envueltos en eso: una especie de traje que no les corresponde ya que la mente cosmogónica no tiene Edad… pertenecen a las Consciencias del Yo Soy, Soy Uno en el Todo,… saben (inconscientemente, intuitivamente) que el traje les queda pequeño. Son Seres que han nacido plenos y que han venido a Vivir y a Experimentar lo que se les ofrece en este plano o mundo-Planeta. Es probable que se les llamen las Almas Viejas, Espíritus Sabios… Desde muy pequeñ@s se han mostrado, o los han visto los demás, como distintos, como especiales o como “raros”.

Si algunos de estos seres se ven atrapados y envueltos en las redes de la mundaneidad, es probable que terminen por no llegar a tener Consciencia plena de lo que Son, o del Yo Soy, entonces se produce un proceso de autoeliminación donde el Ser no se siente bien donde le ha tocado vivenciar, y a partir de ahí podemos imaginar cualquier salida, cualquier desbordamiento irracional al no haber correspondencia del Yo Soy con/en el “mundo” o red-malla que les envuelve.

Si, por el contrario, logra tomar Contacto con Sí Mismo, es decir, si logra Despertar y conectar su Yo Soy con la red-malla identificando perfectamente cada límite entonces se convierte en el Buscador que le llevará a Saberse a Sí Mismo. Conectará su Vida-Lineal con su otra Vida-Atemporal y podrá ser Consciente no sólo del Yo Soy, sino del Todo y, a partir de entonces, será todo un intercambio que le irá permitiendo extraer toda su “otra Información”, y esa “otra Información” será dada al resto de red-malla en ese intercambio permanente.

Muchos de estos Seres se “distinguen” por manifestarse como Sabios o con una gran sabiduría. En otros, incluso, se puede denotar físicamente ya que al no existir la conciencia de las edades lineales, lo que predomina es la Atemporalidad de su Energía, de su Yo Soy con el Todo.

Lo más seguro es que, también, observemos que estos seres, prácticamente carecen de enfermedades físicas. De hecho, las enfermedades como invasiones que pretenden distorsionar el Yo Soy, son detectadas y corregidas por el mismo Ser.

Existe, también, en muchos de estos seres, la conciencia de que les va a ser difícil, si no desenvolverse en la mundaneidad, sí conectar y corregir el choque entre los dos planos: el físico y el Espiritual de donde proceden conciencialmente. Transmitir lo que no es “visible” en este plano totalmente físico es tarea bastante dura. Y es dura, sobre todo, porque la mayoría de los seres humanos parten de esquemas muy rígidos y prácticos, hasta legislados socialmente; esquemas donde se unen grupos de humanos que viven un tipo de directrices y que forman “colectivos”. Estos colectivos, de hecho, se crean para defenderse de “aquello que no conocen” y que por lo tanto puede desestabilizar los patrones esquemáticos y físicos donde se desenvuelven. Es el temor a “pensar” que, en “realidad”, no somos lo que pensamos que somos. Es el temor a “creer” que más allá de nuestras vidas físicas, hay otro tipo de existencia o “vida” no biológica. Es el temor a verse totalmente diluidos, sobre todo, de la forma física en la que están diseñados. Es el temor a “saber” que no sólo nosotros, sino absolutamente todos los seres (animados e inanimados) poseen una Inteligencia Sagrada. Es el temor a “pensar” que somos meros muñecos en manos de un Dios que es algo más que eso, porque llamarlo Dios es hasta limitarlo. Dios, esta palabra tan coloquial, se nos escapa. No hablemos, entonces, de los distintos “dioses” que existen para cada una de las distintas religiones o creencias, no sólo de ahora, contemporáneas, sino los miles de dioses identificados a lo largo de todo lo que podemos conocer, mínimamente, como “historia” conocida. Es el temor que la gente arrastra a saber que ha habido o han podido haber otras civilizaciones y humanidades más allá de donde el tiempo lineal nos han descrito los estudiosos de los tiempos antiguos en sus (ahora) conocidas etapas.

El temor a todo esto, incluso a más, nos ha llevado como sociedad, o conjunto social, a crear y a creer unas normas-patrón que (supuestamente) han de ser las que han dado o han de dar la “seguridad” a todo nuestro colectivo. Así, estamos acostumbrados a escuchar que una persona que haya fallecido o muerto a los 80, 90 o más años, ha tenido una larga vida, que ha vivido mucho, y que la memoria, allí hasta donde le haya alcanzado, ha tomado parte en la historia misma de la humanidad. Es más, estos patrones solidificados son los que han hecho tratar a los seres humanos esquemáticamente a lo largo de sus “edades” físicas. Estos patrones son los que hacen, por desgracia también hoy temporalmente, a que tratemos a los niños como a unos totales inconscientes; a los jóvenes como a esos atolondrados que no saben lo que quieren; a los maduros como a esa gente que le corresponde “ya” hacer ciertas cosas que todos los demás hacen; a los postmaduros como esa gente que ya tendría que “saber lo que hace” y, sobre todo, que, entrando en declive, ya tienen que ser la tinaja de todo tipo de dolencias físicas y quejares de todo tipo; llegando ya a la ancianidad donde, no considerándolos como a seres sabios que han vivido un tiempo largo, se les trata no menos que como a gente chocha y que delira, que no sabe dónde tiene el norte y que empieza a caérsele las babas, toda llena de recuerdos, toda llena de enfermedades, dolencias, pastillas, y a los que pronto habrá que enterrales y quitarles de en medio de entre los vivos, más jóvenes, porque molestan.

La lucha de las edades físicas es un pasto muy abundante, crecido gracias al abono de una ignorancia absoluta y de unos comportamientos que llevan a que todos los colectivos actúen e interactúen entre sí en base a unas normas, bases y etiquetas de todo tipo. Eso sí, también debemos, por lo visto, de dar gracias a unos grandes cerebros que contribuyeron, en su tiempo, no sólo a clasificar-nos en las edades y en los comportamientos mismos, sino a clasificar-nos totalmente basados en la ignorancia más absoluta de todo lo que Somos o podemos Ser, no permitiendo que el ser humano Sea, sino que se doblegue a la linealidad, temporalidad y parquedad de los conceptos clasificatorios.

Dicho así esto, sí, desde luego estamos atrapados en la red-malla del tiempo lineal. Cualquier cosa que pretenda traspasarla debe ser aniquilada, menospreciada o minimizada, para que el resto, ignorante de la gran Atemporalidad del Todo, no se redescubra a sí mismo como el Yo Soy en el Todo. Es más, debemos agregar que pretenden alargar las edades lineales con “grandes” descubrimientos… bueno, ya estamos viendo los resultados de muchos de estos grandes descubrimientos como cirugías, drogas, operaciones, trasplantes, etc., etc., hasta llegar a una de esas grandes fases que pretenden implantar (en algunos sectores, p. ej.: militar): los ciborgs o seres medio biológicos medio robóticos… sin comentarios.

Si somos capaces de traspasar la línea temporoespacial y admitir que todos somos seres a-temporales y que al ser Espíritus-Energía, cada uno con su carga de conocimiento o de hambre de conocimiento, entonces romperemos la esquemática situación biológica de las “edades”. La reverberación de la existencia, entonces, será inversa: ya no estaremos condicionados a la red-malla, sino que fluiremos de dentro hacia fuera y, en armonía con nuestro cuerpo físico, nuestro Yo Soy podrá interactuar con entera libertad con el Todo que nos envuelve. Traspasaremos, entonces, hasta etapas cósmicas (para muchos inimaginables) donde estaremos, de forma “real”, viviendo más allá de nuestras posibilidades biológicas. Viviremos más “tiempo” biológico porque será la Consciencia del Yo Soy la que predomine, influyendo, fluyendo con la red-malla que nos envuelve. Esta red-malla que ahora nos limita realmente, nos aprieta y hace que todo lo que en este planeta fluye, abarque más allá de esta dimensión. Sólo en este libre fluir podremos inter-conectarnos con otras dimensiones o esferas. Sólo en este libre fluir podremos Vivir Conscientes e interconectar con lo impensable, incluso realizar lo que hasta ahora, muchos, denominan como “utopías”. En el Reino de la Creación ¿qué hay de imposible?

* *** *

*¿Por qué esquemas? Porque somos sólo como una especie de patrón-dibujo espacial tridimensional que se va autoprogramando, retroalimentando y retroaniquilando en la forma en que “vivimos” y nos intercambiamos con todo nuestro exterior. De hecho, somos las “máquinas” perfectas de la Creación, y que sólo de nosotros depende nuestro traje espaciotemporal o nuestro esquema primigenio. Se puede decir que la coraza áurica que nos envuelve es la que permite que no nos diluyamos con/en el resto de los átomos y partículas que nos envuelven y que pertenecen a las demás entidades físicas o no, con movimiento o no, y el resto de partículas y átomos cósmicos. Se trata, por tanto, del esquema-patrón de nuestro ser vivencial y a partir de él nos vamos modificando. De hecho tenemos tantos rostros y cuerpos físicos como nos atrevamos a imaginar. Los más usuales o comunes son lo que aquí denominamos como las “edades” del cuerpo físico. Nos vemos como embrión -> bebé -> niñ@ -> adolescente -> joven -> adulto -> adulto -> madur@ -> postmadur@ o preancian@ -> ancian@ y llegamos al final (quien consigue superar todas esas etapas): cuerpo cadáver.

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