El Pozo de la Oscuridad

¡Cuántas veces me encontré en el fondo del Pozo!

En la Oscuridad del Pozo, donde el frío puede someter hasta a la voluntad más fuerte, es donde nos hemos encontrado much@s. Con suerte, pueden haber sido una o dos veces… Con un poco de menos suerte, quizás much@s se hayan encontrado en su interior bastantes veces… Con la peor de las suertes, quizás much@s estén dentro del Pozo todavía desde no se sabe cuándo ni cómo.

En la Oscuridad del Pozo me encontré más de una vez yo misma… La verdad, no sé si para probar mi Voluntad, o para probar la Voluntad de los Otr@s. Los samaritanos no abundan. La Gente de Buena Voluntad, tampoco. La Gente Sencilla de Buen Corazón, la verdad, son gente especie rara. Existen otros que, si ayudan, lo hacen para sacar brillo a la chapa… Existen otros, también los conocí, que, fuera del portal de su casa, gritaban: “Tú, no te preocupes, que mañana mismo… … bla, bla, bla, bla, bla…” ¡Ah!, éstos son, quizás, los peores, y existen, vive dios que existen, ya lo creo que existen.

* ** *

Arriba, brillaba el sol, comenzó a asomarse por el borde del pozo. Triste, entristecido, sabía que me encontraba allí dentro, que no tenía ni alimento ni abrigo… Se asomaba cada mañana para Verme… para darme su Aliento… para decirme: “Ten Esperanza, mientras, toma mi Abrigo”.

Una mañana, estando acurrucada, no sabiendo ya si dormida, adormecida, con el cuerpo hecho un corcho, o si más bien si ya era un tronco de madera, oí –o quizás fue el engaño de mis sentidos—que se acercaban pasos. Sí, sí, eran pasos… no me equivocaba.

Al brocal del pozo se asomó una cara: era la de un hombre de mediana edad.

–Vaya, qué veo… qué haces ahí, buena mujer, ¿qué te pasó?

–Me caí, creo que hace un par o tres de días… ¿Me puedes ayudar a subir? Por favor, tengo sed, tengo frío, ¿puedes sacarme de aquí?

–Precisamente en estas jornadas ando con un poco de prisa. Se murió mi suegro y he de llegar hasta el pueblo, lo entierran dentro de poco rato, ¿sabes? Pero, no te preocupes, cuando termine vengo a ayudarte y traeré auxilio. Mientras, toma, llevo esta albarda, un poco de pan duro y un poco de vino, creo que con esto aguantarás.

–Sí, gracias, creo que aguantaré. Te espero buen hombre, Dios te lo pagará.

Pasó la mañana entera, el mediodía, la tarde, comenzó a anochecer…

La promesa hizo mella en mí. No sabía qué había sucedido y algo malo ya me barruntaba.

“Creo que me ha engañado, a éste no le interesaba ayudarme, me ha dado esto para callarme y para callar su conciencia.”

A la mañana siguiente oí de nuevo pasos. Dos hombres se asomaron al brocal del pozo.

–Un vecino del pueblo nos dijo que estabas aquí aterida y que necesitas ayuda.

–Gracias, os doy millones de gracias, no sabía qué había ocurrido. Me dijo que él vendría a sacarme.

–Sí, pero es que tenía prisa por hacer unos negocios y nos dijo que si podíamos venir nosotros.

–Gracias, gracias, buenos hombres.

–Bueno, verás, creo que podemos ayudarte, pero a cambio creo que necesitamos algo de compensación. ¿Tienes algo para pagarnos el servicio?

–¿El servicio?

–Sí, claro, el rescate.

–Pues no, la verdad, soy pobre, no puedo daros nada, sólo mi eterno agradecimiento y el de Dios mismo.

–Sí, verás, pero es que hemos dejado nuestras labores para venir a rescatarte.

–Y os estoy muy agradecida. Por favor, empiezan a flaquearme las fuerzas, ¿podéis sacarme de aquí?

–Bien, sí… mira, sólo hemos venido a ver cómo podíamos sacarte de aquí. Necesitamos volver al pueblo a por unas sogas. Mientras, toma, hemos traído esta jarapa, un trozo de pan duro, una manzana y una bota con un poco de vino, creo que te apañarás hasta que volvamos con las sogas.

–Vale, gracias mil, hermanos, os espero, ya se me desencajan hasta los dientes del frío.

Pasó la mañana, el mediodía, la tarde, comenzó la oscuridad y allí no vino nadie. El silencio más absoluto cubrió la boca del pozo.

La Oscuridad comenzó a roerme por dentro, creía que iba a morir allí adentro, que me dejarían morir por ser pobre, por no tener con qué pagarles el servicio a nadie.

A la mañana siguiente, amaneció lluviosa. Parecía que hasta el Cielo, triste, comenzó a llorar. Allí dentro, cada vez más fría, más húmeda. Ya no sentía sed, ya no sentía hambre, ya dejé hasta de sentir esperanza alguna. Desconfié por completo en la Raza Humana. Era evidente que la Raza Humana carecía de Corazón, y que cuando una desgracia te cubre con su manta, a lo único que puedes encomendarte es al Creador.

Calada hasta los huesos, ya no podía detener ni los dientes: no dejaba de castañetear, tanto, tanto que tuve que sujetarme las mandíbulas con las manos para no morderme la lengua.

Dejó de llover. Me quedé traspuesta… Creo que me desmayé… No sé el tiempo que estuve allí dentro, sin sentido. Casi con la cara metida en el fango de la lluvia, pensé que quizás hubiese sido mejor que me hubiese ahogado allí mismo.

Las ansias y el llanto comenzaron a hacerme mella. Grité de dolor, pero no de dolor físico. Grité del dolor de haber nacido en medio de una humanidad carente de humanismo y de Corazón.

Así, llorando comencé a rezar y a mirar las Estrellas que se asomaban al interior del pozo. No sé cuántos días llevaba allí dentro. Comencé a rezar al Creador para que me llevara con él. Comencé a rezar no para ser salvada de mi situación, sino para que me desconectase de la vida y así poder salir del negro pozo.

Pasó la noche. Los primeros Rayos del Sol hicieron su aparición. Como una Promesa sublime, casi me dieron de lleno en los ojos.

–¡Ey, despierta! ¿Estás bien?

Miré hacia arriba. Me pareció que era una alucinación. Arriba, allí arriba, se encontraba una Mujer. Una Mujer que llevaba un Niño en sus brazos. Un niño Hermoso. Sí, decididamente pensé que había muerto y que me encontraba a las puertas del otro Sueño.

–¿Estás bien, Mujer, estás bien? ¡Contesta, por favor! ¿Estás con fuerzas?

Miré de nuevo, intenté, casi sin fuerza alguna a restregar mis ojos. Sí, allí, arriba había una mujer que llevaba un niño en brazos. Ambos asomaban sus caras resplandecientes, sus ojos me parecieron enormes. Casi con medio cuerpo dentro del pozo agitando los brazos, intentaban saber si estaba viva o si, por el contrario, había muerto.

Alcé la cara, miré hacia arriba. Intenté hablar. Sólo conseguí, creo, que abrir media boca. No salió nada de mi garganta. Un brazo ya no lo sentía, entonces intenté mover el otro. Con un enorme esfuerzo levanté la mano.

–¿No puedes moverte?

Con un gran esfuerzo giré la cabeza de derecha a izquierda o no me acuerdo la dirección porque estaba tan torpe que yo creo que más bien me imaginé que movía la cabeza.

–Escucha, vengo yo sola con mi Hijo. Me dirijo hacia el pueblo, pero, pero te prometo que voy a buscar ayuda, yo sola no puedo. Mi hijo es muy chiquito y tampoco puede hacer nada. No te preocupes, por el Amor de Dios. Te juro que vuelvo enseguida. Toma, coge este hatillo, dentro va un poco de pan tierno, un poco de queso, un poco de leche. Toma mi chaqueta, toma mi abrigo. Toma la manta de mi Niño… Ahora vuelvo, ahora vuelvo.

Oí, mientras se alejaba que decía: –Ahora vuelvo, ahora vuelvo, ahora vuelvo… Ahora vuelvo…

El Silencio se llevó su Voz por fin. Todo quedó de nuevo terriblemente quieto y desolado. Con gran esfuerzo acerqué el jarrillo de la leche a mi boca. Comencé a recordar, con un dolor terrible, el sabor de los alimentos. La leche estaba tibia. La leche estaba tibia. Cuando pude mover las mandíbulas acerqué el pan tierno a mi boca. El pan estaba tierno y tibio. El pan estaba tierno y tibio. Pude tragarlo con un poco de leche. Intenté tragar también un poco de queso. El queso era tierno. El queso era fresco y tierno. El queso trajo el gusto amable de la hierba y de la leche de la Madre. El queso era tierno y fresco.

Comí lo que la hermosa mujer me trajo. Creo que me quedé dormida tras el esfuerzo. Me había tapado con la manta del Niño y apoyé la cabeza en la chaqueta doblada, como una almohada. Tuve un feliz sueño.

El sueño, nunca lo olvidaré. Soñé que la Mujer Hermosa había venido a rescatarme.

No sé lo que duró mi Sueño. Sólo sé que cuando desperté me hallé rodeada de bellos seres. Casi eran seres de Luz. Me lo parecieron porque los Seres de Bondad desprenden una Luz que no la desprende nadie más.

Se abrió la puerta de la habitación y en el umbral aparecieron la Mujer y el Niño. El Niño sonreía, abría sus bracitos, quería abrazarme.

Ambos se acercaron. La Mujer me besó en la frente.

–¿Cómo te encuentras?

–¿Eres un sueño o ya estoy en el otro Lado?

–Nada de eso, Hermana, todavía no ha llegado tu Momento. Te pedimos que te quedes con nosotros durante un tiempo, el tiempo que consideres hasta que te repongas, o el resto de todo tu Tiempo.

–¿Cómo te llamas?

–¡Ah! Eso no importa ahora, sólo considérame tu Hermana, si es que no tienes, ya lo sabes: ya tienes una.

–¿Dónde estoy, en qué lugar, en qué pueblo?

–¡Ah! Eso no importa ahora, cuando te levantes ya sabrás dónde te encuentras. Sólo te quiero decir que donde nosotros vivimos somos Gente Buena, somos Gente de Corazón. Compartimos lo poco que tenemos, pero eso para nosotros ya es suficiente. Que la Alegría más grande que tenemos es eso: Compartir lo que Somos. Por eso, Amiga, jamás saldrá de nuestras manos un trozo de pan duro. Por eso, Amiga, jamás saldrá de nuestras manos una dura albarda. Por eso, Amiga, jamás saldrá de nuestras manos una bota con vino, porque el vino nubla las almas y las mentes y calienta de mentira. Por eso, Amiga, cuando decimos que “Ahora vuelvo”, no hablamos en vano. Sólo te puedo decir eso, Amiga, porque el mejor Precio de cada Vida está en dar lo que uno tiene. Y Salvar, Amiga, Salvar al Otr@ no tiene precio.

Un poco repuesta del cansancio y del sueño, moví mi mano izquierda. Me pellizqué en la cara. Sí, estaba viva. Todavía con gran esfuerzo me incorporé del lecho. Me acerqué a la Hermosa Mujer y la besé en las mejillas y la frente. Puse sus manos en mi Corazón.

–Esto es lo único que te puedo ofrecer: mi Corazón.

Por la ventana de la habitación comenzó a entrar la Luz del Sol radiante y cálida. Sentí su abrazo. Sentí su Gratitud y su Alegría.

* ** *

Parábola del cuento: La verdadera Ayuda muestra un rostro de ternura y tibieza que, por el contrario, no muestra la ayuda interesada: fría, dura, seca y que siempre gira la espalda porque espera el pago de la recompensa.

Esto, por triste que pueda parecer, y aunque esto pueda parecer un Cuento, tal que no lo es, ya que es aplicable a todos los gobiernos y entidades de este triste planeta, “gobernado” por tristes intereses y carente de la tibieza de la Vida. Carente de Alma. Carente de Corazón. Carente del hálito de Dios mismo o del Creador, según se entienda.

Olvidan, muy pronto, que el Hálito de la Vida no nos corresponde, y creyéndose amos de lo que no les pertenece ni por roce de luz ni sombra, actúan como dioses o como diablos, según se les cruce. Olvidan que nada tienen, y, confundiéndose en la ilusión de que lo tienen todo, niegan a los demás todo de lo que ellos se consideran “dueños”. Esta ley de aplicación, tan fría, tan vaga, tan carente de fundamento y de Luz es sólo comparable al Pozo donde muchos hemos caído, por desgracia, o por ventura, porque si eres consciente de que estás dentro de uno de ellos, entonces, ten por buen seguro de que también existe la Alegría. Que aunque sean Pocos los Incondicionales, su valor se multiplica por infinito, y de ellos, realmente de ellos es de lo que está Compuesta la Ley de Luz del Cosmos y de la Creación.

“Bienaventurados los Justos de Corazón,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.”

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