Querido Papa Francisco: Te quiero!!

 ¡Qué fuerte! Bueno, no lo es tanto, ya que también quiero a María, a quien nunca olvidaré: María es Testigo de Jehová.

María me invitó a comer un día. No nos conocíamos. Esto sucedió hace más de un año, cuando hacía de agente comercial para una empresa de esas condenadas “eléctricas”. Me invitó a comer. Preparamos el menú en la cocina: una ensalada y no recuerdo qué más. Comimos las dos juntas en una mesa pequeña, al lado de una ventana que daba a la calle. Entraba el Sol. Ella me hablaba con entusiasmo de su Fe, y se me lamentaba de que no podía ir puerta a puerta como hacía yo (con diferentes propósitos, eso es evidente), para buscar más adeptos a su Fe. Fe que a ella le había devuelto la vida interior. María vivía (no sé ahora) con dos gatas negras (muy tranquilotas y afables). Siempre me han gustado los gatos. Los amaba tanto que hace muchos, muchos años me hice cargo de una colonia entera en un pueblo del mar Mediterráneo, cercano a Barcelona. Más tarde los gatos viajaron conmigo con el afán de liberarlos de la calle, pero el lugar no era apropiado. Eso lo sabéis quienes tenéis gatos en libertad: acaban desapareciendo bajo las ruedas de los coches; entre las fauces de algunos perros (cuya culpabilidad descarto, salvo la de algunos entrenados para el asunto); y, la gran mayoría mueren envenenados por ahí, lejos de su casa, ya que son víctimas de venenos puestos a propósito o indirectos por roedores envenenados.

Me fui de su casa aquella tarde con una sensación muy agradable: la de haber encontrado a una Amiga desconocida, con quien coincidíamos en muchos puntos. El resto a respetar. Lo importante es la luz que transmite quien tiene fe, la luz a quien una Fe ha devuelto la Alegría interior.

También amo, por increíble que me pueda parecer a mí misma, a una pareja muy joven. ¿Qué tienen de especial? Bueno, me han dado a conocer la otra Cara (una parte de la otra Cara) de quien ROBA lo ajeno para SOBREVIVIR ellos. No son hurtos en casa sino en huertos ajenos, y no entro en lugar. Sé que esto cabrea. A mí también me han robado (no huertos, y no ellos, claro) sino otro tipo de materiales y otro tipo de gente. Pensaba que quien lo hacía era un buen vendedor de lo ajeno. Pensaba que quien robaba ese tipo de cosas andaba muy apurado. Ahora sé que aparte del apuro lo han convertido en su modus vivendi. O eso o dedicarse a otras cosas peores. ¿Qué cosas? Me preguntaréis. Ya las sabéis: el robo forzado con violencia, la prostitución o el tráfico de drogas. ¿Qué hay peor que esto último? La reflexión de que quien convierte esto en su forma de vida está realmente mal, pero esto es a lo que nos aboca este modelo de “mundo” o sociedad. La sociedad los convierte en un enajenado de la “sociedad” misma, porque la sociedad no da ni hueco ni cabida a quien considera “inferior”. Y sin otra salida se ven en el laberinto porque no hay salida en ese laberinto. El caso es que a esta pareja el día que los conocí –y no por casualidad ya que sólo podía pagarme un par de kilos de fruta al precio que ellos la ofrecían–, me llegaron al Alma. Una pareja joven. Ella con unos grados (inapreciables salvo por el trato en largo tiempo) y según afirma ella con toda Naturalidad, de que posee incapacidad psíquica diagnosticada. La mayor en un grupo de ocho hermanos en una familia desarraigada y con una madre alcohólica y donde han sufrido el DESAMOR TOTAL y hasta (me imagino) violencia física.

Él me decía que la única alternativa en la que pensaba a veces era ahorcarse y terminar con esa violencia Impuesta por la Sociedad misma. O eso o morir de hambre y otras escaseces como muchos y muchas se han visto abocados: gente en pleno invierno durmiendo y muriendo en los suelos de los cajeros automáticos. Gente apaleada por cerdos sin escrúpulos por verse abocada a “sobrevivir” en la puta calle (sin otra cosa que allane ese calificativo).

A esa joven pareja okupa no sólo la quiero yo, sino que otros vecinos, conscientes de su necesidad (que no de sus hurtos) también los quieren y no paraban de decir que a esos “chavales” había que ayudarles. Vecinos que traían sus verduras para que ellos las vendieran o bien hiciesen uso de ellas. Esto está visto y vivido en primera persona. También la persecución policial, la dura persecución de que han sido objeto hasta que han tenido que cerrar la puerta. Hace días que no sé de ellos. Sé que se apañan… pero ¿de qué forma, a qué se ven abocados? Sólo me queda rezar por ellos y pedir que los Ángeles velen por esa mala situación. Sólo puedo hacer eso: yo no puedo ofrecerles ayuda económica o lo más importante: un puesto de trabajo en lo que sea. ¡Qué dignos se sentirían, lo sé! Hasta que su vida comenzase a dar un giro de forma real. La otra pregunta es: ¿hasta qué punto la sociedad, el mundo, ha logrado degenerar a esas criaturas? La respuesta puede ser muy dura.

Ahora cerrado el paréntesis de los otros “quereres” que puedo extender a muchos y muchos seres humanos que se ven abocados a vidas erráticas (como ahora la mía), me remito a lo expuesto en el titular.

Nunca me gustó la iglesia como institución, mucho menos la acepto como eso que intentan representar: el Amor Crístico. Cristo jamás aceptaría ni instituciones y mucho menos que lo usasen como garante de una actividad “religiosa”. Sólo tenemos que recordar lo que “hizo” en el “templo” y las terribles críticas hacia los fariseos y cambistas de todo tipo que pretendían comprar el “cielo” con dineros.

Admito, admiro y amo, por otra parte, la labor de ciertos, de muchos Misioneros, en partes realmente graves en el Planeta, labor que alcanza, ciertamente, lo que Cristo mismo estaría haciendo: abrazando a niños posibles portadores de ébola a los cuales han apartado los mismos poblados para evitar el apestado contagio. Misioneros a los que he oído hablar a través de la radio con un mensaje muy claro: su mensaje humilde, sin rencor, pero encauzado a entrar a las sienes rugosas y cimentadas de los países “civilizados”. Un mensaje que habla de que ellos jamás abandonarán a las criaturas en peligro y que son los países opulentos los que deben ayudar a sacar y salir de la miseria al resto (miseria a la que ellos mismos han abocado). Un mensaje lanzado a esas “sociedades” que padecen de Aporofobia (palabra acuñada por la dra. Cortina y que aparece en la Wikipedia y que define el rechazo y la fobia de ciertas partes de la sociedad –con mayor o menor potencial dinerario—y que esa sociedad tiene hacia los pobres. ¡Vaya, como los nazis disfrazados! Y que hasta incluso pueden llegar a taparse la nariz frente a un apestado pobre tirado en la calle o en un banco tapados con cartones). Y es que la aporofobia no sólo afecta a la sociedad “opulenta”, sino también afecta a las llamadas “castas” hindúes y de otras zonas de este planeta.

Por todo esto y mucho más, comenzó a asombrarme cuando empecé a oír que el papa Francisco comenzaba a hacer rifas para recaudar para paliar el hambre de los pobres. Pasando olímpicamente de ese banco vaticaniano. Y pasando olímpicamente, instala por ahí cerca una barbería para que tengan uso y derecho los pobres de Roma. Para que los pobres, por lo menos, tengan acceso al aseo, cosa que les es negada en las susodichas calles donde sólo sobre-mal-viven. Me asombró también, y mucho, el que tú papa Francisco hayas escuchado y dado curso a las denuncias de jóvenes sobre el abuso sexual de ciertos “obreros” de tu “iglesia”. Abuso imborrable en la mente de quienes han padecido estas aberraciones (no deseo ni imaginarlo); abuso, por otra parte, imagino, acompañado de coacción y del uso de la suciedad y la culpabilidad, imagino, hasta disfrazándolo de amor de “dios” hacia los pobres chavales o chavalas víctimas de esos abusos.

Me asombra y me asombró también papa Francisco el oír que Tú, y no como otros muchos jilipollas encumbrados en algunos medios (como puede ser el radiofónico u otros de otro carácter o tendencia politiquera), Respondes a todos a quienes te envían un correo o te invitan aunque sea a pobres actos en su pueblo. Sí, me asombra. Me asombra también que andes por ahí con tus hábitos (la verdad es que no te he visto en tele, ni falta me hace) metiéndote en los conflictos; denunciando a los poderosos sobre los pobres ahogados que no llegan ni a tomar costa con su patera o barcaza, intentando llegar a una vida “mejor” ya que su país anda corrupto y destrozado. Me asombras cuando oigo que abrazas a los niñ@s que te hacen preguntas difíciles de responder, como las víctimas de los azotes de la Madre. Sabes que ni ella ni Dios mismo tienen parte en todo el terror, ni de guerras ni de todo lo que ocurre (de vez en cuando) cuando se desata la violencia a nivel de fenómenos. Fenómenos que por otra parte deberían ser estudiados ya que pueden ser, sino evitados de momento, sí liberar a la gente de sus azotes y ¡cosa curiosa de cerebros privilegiados! saber que el destrozo climático está provocado por la destrucción de bosques, desviación de ríos, exterminio de montañas, laderas, cauces naturales, plantas autóctonas, excesiva depredación de los suelos, etc., etc., etc… pero callas porque no hay respuesta. Mejor dicho sí la hay: sólo hay un culpable: la especie humana que castiga al resto del planeta en su propio beneficio dinerario; como si la muerte no les fuese a alcanzar a ellos también llegado su momento, que llegará, FIJO.

Me asombra también papa Francisco que andes por ahí como un auténtico político (aborrezco la palabra), mejor digo como un negociador entre los poderes entronados y los conflictos bélicos y/o de pobreza.

En fin, por todo ello y mucho más que desconozco… Por todo ello ya que entre tú y yo reina la sintonía, aunque yo no ame la institución eclesiástica. Por todo ello y reconociendo que sólo desde dentro (y como un ladrón en la noche) se puede ir destruyendo el tejido podrido que superpuebla nuestro Planeta. Por todo ello y porque sé que tú también llamas Madre a la Naturaleza, y sabes, dices y reconoces el terrible exterminio a que la estamos sometiendo, sobre todo aquellos que se apoderan de ella en muchos sentidos.

Creo pues entender, papa Francisco, que sí, que se está cumpliendo el Apocalipsis (Revelación), que el último papa fue el del Olivo, y que tú ya estás dando apertura a algo que de ahora en adelante va a dejar de ser “iglesia” para convertirse en una institución de hermandad entre todos los Humanos. Eso es lo que DESEO. Eso es lo que entiendo que estás intentando hacer. No sólo sanear la imagen podrida de esa institución.

Por todo ello, papa Francisco, aunque no me hayas invitado a comer una ensalada junto a una pequeña ventana donde compartir, además, nuestros puntos interiores que son muchos, y en nombre de otros muchos más: GRACIAS, TE QUIERO!!

2 Respuestas a “Querido Papa Francisco: Te quiero!!

  1. Amor de hombre……………..

  2. Pues sí, superduque…..
    también amor de… no sé qué,… quizás algo que tú ni hayas conocido.
    Cuando estés a la puerta de donde seguramente todos estaremos, espero que no te lleves un gran “susto”. Un abrazo, hermano

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