Celeste viaja a Aldebarán

El papá de Celeste entró en la habitación para ver cómo se encontraba y si estaba durmiendo tranquila.

Habían sido días muy duros, tan duros que Pablo ni siquiera se permitía el lujo del dolor, aunque este era muy intenso. Todo tan incomprensible, todo fue tan incomprensible… pero, quizás intuitivamente sabía que todo estaba irremediablemente perdido…

Al entrar en la habitación vio que Selena estaba durmiendo plácidamente en la litera de arriba. Celeste ocupaba la litera de abajo. Celeste a veces mostraba confusionismo, sobre todo en los últimos días en que su mamá se hallaba junto a ella arropándola y queriéndola hasta lo más hondo de la médula de sus huesos. Celeste sabía que su mamá le estaba diciendo algo sin palabras… algo que ella no llegaba a entender ya que lo único sentía era que le agarraba muy fuerte desde dentro… lo único que sentía era que… pronto dejaría de recibir aquel abrazo y la calidez de aquellos ojos y la tibieza de sus labios en la frente… Celeste sabía que su mamá, cada vez que la arropaba y le daba las buenas noches, se despedía de ella.

En esos últimos meses Celeste se despertaba sobresaltada y sudando y gritando llamaba a su mamá para que acudiera rápido a darle el calor de su cuerpo y el amor de sus abrazos.

–Mamá, mamá, ven pronto ¿dónde estás?

–Estoy aquí, cariño, contigo. Tranquila Celeste que mamá nunca te dejará, eso jamás. Y si por algún tiempo tuviese que ausentarme te diré dónde me hallo para que estemos juntas siempre. Celeste, siente que mis abrazos te atan a mi Corazón, es imposible que nos separemos, ¿lo entiendes mi Niña?

–Sí, mamá, pero ¿por qué sueño que te vas y no te puedo alcanzar allí donde estás?

–Celeste, podemos llegar a cualquier Lugar, a cualquier Parte, no importa lo que tardemos o los caminos que escojamos para llegar… Tranquila, duérmete Cielo, porque el Amor crea lazos Eternos estemos donde estemos… Celeste, el Tiempo, en realidad, no existe, lo que sucede es que a veces se Transforma para que nosotros podamos abrazarnos Físicamente. ¿Lo entiendes?

–Bueno, algo… Mamá, a veces cuando duermo, no duermo, en realidad voy a verte a tu cuarto o voy a ver a Tomy y le acaricio su cabecita, o le doy un beso a Selena, sin que ella se entere… Bueno, a veces me ha dado algún manotazo pensando que era un mosquito que le molestaba… je je!!!

–Así es mi Niña. Así es… ¿qué te crees que a veces no me he dado cuenta de que venías a hacerme cosquillas en los pies por las noches? ¡Ah, eres muy pilla!

–¿Sí, eh? Pues luego me voy a la cama y, ¡zas!, al levantar las sábanas tengo que empujarme a mí misma para hacerme sitio… pero luego, mamá, me desperezo y siento que ya no soy dos sino que solo soy una y entonces me río y me vuelvo a dormir.

–Bueno, pues ahora duérmete tranquila… Ya lo sabes: siempre estaremos juntas.

–¿Y Selena y papá y Tomy también?

–Sí, claro que sí, siempre todos juntos.

–Vale, entonces me duermo.

Lauri arrebujó con mucha ternura a Celeste y a Selena, dándoles a cada una un beso en la frente.

*** *** ***

Pablo vio que Selena estaba tranquila, pero al tocar a Celeste notó algo raro: Celeste se había convertido en algo blando. Asustado levantó de repente las sábanas y vio que Celeste ¡no estaba! En su lugar había puesto la almohada pero ¿y Celeste?

Sin dudarlo, pero sin asustarla, sacudió a Selena.

–Selena ¿dónde está Celeste?

–No sé, papá, habrá ido al baño o a beber agua… no sé… yo estaba durmiendo y no me he enterado de nada.

–Vale, tranquila, voy a ver, sigue durmiendo, cariño, que mañana tenéis que ir al cole.

–Buenas noches, papá.

Desesperado comenzó a registrar toda la casa. Fue al patio, tampoco estaba. Miró dentro de la caseta de Tomy, tampoco estaba. La puerta de la verja que daba a la calle estaba cerrada con llave… Y, y… Celeste no podía haber saltado por ningún lado ni haberse escurrido por ninguna parte. Miró incluso por las ramas de los árboles no fuese que le hubiese dado por trepar, cosa que a veces hacía para intranquilidad de todos.

–¡Celeste! ¡Celeste! ¡Celeste!

Celestre no aparecía… Pablo llamó a la policía y les contó el caso. En unos minutos estuvieron en casa, y con tanto alboroto despertaron y levantaron a Selena.

–Papá, lo único que sé es que estos días atrás Celeste me hablaba mucho de ir a Aldebarán. Quería ir a Aldebarán. Decía que mamá estaba allí y que la estaba esperando.

–¿Aldebarán?!!!!

–Sí, papá, Aldebarán es una estrella muy lejana, pero para ella es como si siempre hubiese vivido allí. A veces me contaba historias, me describía sus calles. Decía que ella y mamá habían venido desde ese lejano lugar… pero… yo pensaba que eso era parte de sus ensueños. Le gustaba mucho irse a ese lugar. A veces la veía como si estuviese dormida, le daba una pequeña sacudida, pero ella no respondía hasta que no pasaba bastante rato, y cuando volvía me contaba historias. Me decía que tenía que ir porque, probablemente, mamá había vuelto allí, ya que aquí todo se había vuelto muy difícil y no quería que nosotros sufriésemos. Me decía que mamá le había dicho que para estar siempre Juntos ella tenía que marchar allí por un tiempo, pero sólo por un tiempo, y que luego todos volveríamos a estar juntos de nuevo.

*** *** ***

En las amplias avenidas de Aldebarán amanecía… Eran tan amplias esas avenidas que parecían campiñas. En Aldebarán no había asfalto. Sus avenidas y calles eran todas como un cálido tapiz de una piedra rosada muy suave.

En Aldebarán no habían vehículos como aquí los conocemos. Los transportes allí se hacían en transportadores, más pequeños o medianos, pero eran eso: transportadores. Esos vehículos no tocaban el suelo, iban a ras casi, y de cuando en cuando se elevaban más para no rozar la superficie planetaria, ya que ello provocaría graves crisis de rozamiendo alterando la vibración de la piel Aldebariana.

Amanecía… amanecía y era una luz como la que aquí no conocemos, entre azul celeste y un rosa pálido que estremecía el alma… luego, poco a poco todo iba adquiriendo unos tonos de colores como los que aquí tampoco llegamos a conocer: eran tan puros que la sola sensación de contemplarlos ya era suficiente para saberse Vivos y Acogidos en un planeta que lo estaba dando todo por sus Seres Vivos: sus Criaturas.

De vez en cuando en el horizonte se cruzaban bandas irisadas ondulantes. Arcoíris gigantescos, que como serpientes iban de un lado a otro del planeta aldebariano: parecían saludar a todos sus moradores; parecían disfrutar de su paseo y confundirse con el palpitar y la vibración de salutación de una existencia plena en todo lo Creado.

*** *** ***

–¿Qué haces aquí Celeste? Todavía no era tiempo, mi Niña. Te habría avisado. Seguro que habrás dejado terriblemente preocupados a papá a Selena y a Tomy, que ya tienen bastante. Mira Celeste, como te dije, era necesario que me fuese por un tiempo…

–Mamá, mamá, te echo tanto de menos!!!…

–Lo sé, mi niña, pero, a veces, a veces tenemos que “obedecer” a Quien más sabe, y que no somos nosotros, sólo así pueden ir “bien” las cosas en todas las Existencias Creadas ¿sabes?

–Es sólo un instante, mami. Te prometo regresar enseguida para así dar la Buena noticia a mi hermanita y a papá y a Tomy, por supuesto.

–¡Vale, vale, vale! Mira no te preocupes. Ahora iremos a ver a los Ancianos para que nos digan cómo tenemos que hacer para no causar daño a los que están allí tan preocupados. ¿Tú no quieres eso, verdad?

–Claro que no, mami, claro que no, pero es que era preciso también para ellos…

–Mira Celeste, regresarás enseguida y, de antemano, te aviso: ellos van a estar más tranquilos, pero no cuentes con que ninguno esté seguro de que has viajado tan lejos, y menos, mucho menos, de que me has visto y estado conmigo… salvo… salvo Tomy, ellos son distintos, ellos lo saben todo. Tomy sabe que estás conmigo.

Echaron a andar con sus amplias túnicas, muy suaves, que más que una vestimenta era una caricia, un soplo, una brisa que cubría sus livianos cuerpos.

Albebarán daba cuna a sus moradores con una fisicalidad diferente. Todos ellos, aunque con apariencias físicas similares a las que tenemos en Terrenalia, son más livianos. También lo son sus vestimentas, sus cabellos; sus ojos son de un profundo inconmensurable, porque sus ojos son, en verdad, las ventanas de sus Almas; tanto que la mayor parte de las ocasiones no necesitaban de ningún lenguaje para comunicarse entre ellos.

Entraron Celeste y Lauri en una especie de gruta enorme. No era una gruta, en realidad era una abertura en la piel de Aldebarán, pero aquí lo llamaríamos “gruta”. Era tan grande, tan alta su techumbre que semejaba ser otro submundo, poseía una iluminación difícil de describir para Terrenalia, a nosotros nos semejaría irreal totalmente. La Luz surgía a raudales pero muy suave desde todos los ángulos a través de todos sus poros.

Allá, al fondo, Lauri y Celeste se encontraron con unos Ancianos. Eran tres. En ocasiones se reunían más, pero siempre había, como mínimo, tres de ellos aguardando en el interior de la Gruta-Madre. Ese era el lugar donde los Aldebarianos se dirigían para cualquier circunstancia, hecho o acontecimiento que tuviesen que consultar. O bien donde tenían que dirigirse a pedir “destino”-permiso para ir a otros lugares del Cosmos.

*** *** ***

Lauri y Celeste salieron contentas, apresuraron el paso, sabían que tenían poco “tiempo” para estar juntas, aunque lo alargarían interiormente, tanto que tendrían la sensación de haber estado de nuevo juntas durante décadas terrestrianas.

*** *** ***

Pablo seguía angustiado a la pareja de policías. Iban con linternas. Inspeccionaron palmo a palmo cada rincón de la casa y del jardín. Luego marcharon fuera, seguidos de Pablo. Selena quedó dentro de la casa y le aseguraron que regresarían con Celeste, que estuviese tranquila.

*** *** ***

Comenzaba a amanecer. La angustia palpitaba tanto dentro del pecho de Pablo que sintió que toda su vida se amontonaba y que era como un saco de pena y de lágrimas. Pasó por su interior todo: lo bueno y lo malo. Supo entonces reconocer el hecho de que cada Segundo que perdió, cada segundo que no vivió, cada segundo que no entregó su Amor, cada segundo que no fue transparente, cada segundo que volcó su angustia en su entorno y que le impidió ser feliz y que impidió hacer felices a quienes le acompañaban en ese Camino… cada segundo que desperdició se transformó en un infierno que le quemaba desde las uñas de los pies hasta la punta de cada uno de sus cabellos. Sintió entonces que se juntaba todo: cielo e infierno y que tras ellos el Abismo abría su boca amenazante.

Entonces, sin quererlo gritó:

–Laura, vuelve, Celeste VUELVE. Volved las dos, por Dios, ya he pagado bastante. Sólo quiero que estéis bien. Sólo quiero entregaros lo que no os he dado antes. VOLVED!!!

–Tranquilo, Pablo, tranquilo –le susurró un policía–. Encontraremos a su hija. ¿También ha perdido a su mujer?

–Sí, murió hace dos meses… Dios mío, pedí tanto que me llevase también… Pero estaban ellas dos, nuestras hijas… Tenía que permanecer… pero ya ve… ya ve… ya ve…

–Tranquilo, cálmese, todo va a ir bien.

El Sol rozaba con sus rayos el Este. Cuando apenas comenzaba a dejar ver su Corona, una voz susurró cantarina tras los policías y Pablo.

–Papá, papá, papá, estoy aquí!!!

Se giraron tan rápidamente como pudieron y supieron. Ella estaba allí: Celeste vestía un camisón azul. Más que un camisón era una túnica de un color celeste como jamás lo habían visto antes. Pero en esos instantes no repararon en ello.

Pablo corrió. Celeste corrió. Los policías corrieron.

Padre e hija se abrazaron casi hasta fundirse. Los policías contemplaron y sin remediarlo acariciaron la cabecita de Celeste.

–¿Qué te ha pasado, Celeste, dónde has ido? ¿Dónde has estado mi niña?

–Papá, vengo de Aldebarán. Vengo de allí. He visitado a mamá. Mamá está tan bien y tan feliz que tenía que ir para decíroslo a todos. Me ha dicho que esto sólo es temporal, que pronto todos estaremos juntos para “siempre” allí en ese hermoso planeta, en Aldebarán.

Ambos policías se miraron…

–Pablo, seguramente ha estado por ahí escondida y se ha quedado dormida. Bueno, buen hombre, nos vamos que para nosotros la jornada sigue. Les deseamos lo mejor.

Celeste les tocó las manos y les dio las gracias. A su contacto ambos hombres sintieron algo muy especial, algo muy agradable, algo que les dio una paz que no habían sentido jamás hasta aquellos instantes. Ese contacto iba a transformar las vidas de ambos de ahí en adelante… pero ellos no lo sabían… todavía.

*** *** ***

–Anda, vamos, papá, tengo que contarle a Selena todo lo que he vivido con Mamá. A Tomy no, él ya lo sabe todo… son muy pillos.

Tomy les esperaba en la puerta. No sabía Pablo cómo había salido. Pensó, para no amedrentarse que había salido agazapado entre las piernas de ellos. Corrió Tomy hacia Celeste y ambos se saludaron en un lenguaje sin palabras.

–Selena, Selena, Celeste está aquí!!!

–Lo sabía, papá. Celeste ¿por qué has preocupado a papá y a mí también?

–Lo siento, sólo espero no haber tardado demasiado… aunque he estado con mamá durante un buen puñado de lo que aquí llamamos “años”. Los suficientes para contaros mil y una aventuras. Lo suficiente para recordar todo lo que tenía olvidado antes de nacer con vosotros. Hermanita: Mamá te manda tanto amor que yo no puedo ni expresarlo.

Celeste puso las palmas de sus manitas sobre el pecho de su hermana. Al sentirlas, Selena casi da un respingo y cae de espaldas. Fue un contacto tan “fuerte” como inexplicable… un contacto que rápidamente fue asimilado y sintió una Luz tan potente y un mensaje de Amor tan grande, que casi no necesitó que su hermanita pequeña le diese ninguna explicación.

Entraron los cuatro en casa. En la cocina había algo extraño: sobre la blanca mesa de la cocina se hallaban dispuestas cuatro tazas de un blanco muy especial y reluciente, al lado de cada una había una servilleta con una inscripción:

Paz eterna – LUZ inextinguible – AMR es la Respuesta

(De entre todos los escritos, que he desechado, sólo encuentro un Lugar para ESTE. Recíbelo con todo mi Amor y Respeto. HASTA SIEMPRE, Laura – Luces de Rivendel. Allí nos encontraremos todos los que, en un momento u otro, hemos cruzado nuestros Caminos. Creo, estoy convencida de que esto, más que de mí ha surgido de Ti, ya que sentí el impulso de escribirlo hace algunas mañanas a primera hora y de una forma muy clara)

2 Respuestas a “Celeste viaja a Aldebarán

  1. Querida AQUARIUS ¡ vives que no es poco ¡
    He leido tu mensaje entre líneas, y, por cierto, también el cuento maravilloso que nos regalas. Sé que ha brotado del corazón que guiaba tus manos, y sé que el corazón no tiene límites y caben millones de corazones al tiempo. Por eso, como sé también que Lauri vive en nosotras pues en tu corazón está el de Riven.
    Por eso sé, porque el saber sólo está en el corazón y no en la cabeza, que élla está feliz con todo el amor que recibe y que nos da, y no le molesta para nada que hablemos de élla. ¡Si lo sabré yo ¡ Sólo cuando nos enrocamos en lo ilusorio es cuando establecemos esa distancia entre lo vivo y lo “muerto” y …. yo le digo cada día, como cuando estabamos juntas : vamos a hablar que tenemos cosas en las que trabajar.
    Subí a la planta, donde se había refugiado para descansar de mis ronquidos, y nos dieron las dos y las tres, la cuatro las cinco y las seis, y desnudas al amancecer nos encontró el alba.
    Habiamos desgranado mil historias, inquietas por darle sentido a nuestras intuiciones… en esas horas supimos que eramos Hermanas, para siempre.
    ¿Qué diferencia ahora el que se haya retirado a otro plano? Yo no amaba su cuerpo, sino su alma o su ser consciente, por lo que ahora su ser consciente sigue hablando porque sabe, como yo, que también ese plano es de paso. ¡Ojala fuese el destino y meta ¡
    Ahí es donde nos encontraremos, aunque élla tal vez se vuelva a adelantar escalando otros peldaños. Pero tanto da, nosotras en un peldaño más arriba tendremos una visión más completa y alcanzaremos a oirla de nuevo. Porque es que ahí, el tiempo y la distancia no tienen sentido. En esta mi historia, me encaja de perlas eso de “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” Y es que cuando platicabamos estabamos en la gloria divina, o sea sé, ¡ como Dios ¡.

  2. Bertha, qué te puedo decir que no hayas dicho Tú.
    La verdad, me han saltado las lágrimas, y eso no te lo perdono, porque estoy en la biblioteca del pueblo. Son lágrimas de Alegría, porque qué te puedo decir… el adiós no existe. Lo que estamos “viviendo” aquí es un suspiro.
    Transmitir toda la información que cada un@ llevamos en nuestro interior al llegar a este plano, ojalá muchos sepan Reconocerla, eso nos hará más felices, libres, Brillantes.
    Un Beso grande y ya sabes: ¡A vivir, que no es poco, Amiga!

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