La Hormiguita Pocoatlantita

 

La Hormiguita Pocoatlantita llevaba varios días fuera del Hormiguero mayor. Al principio, sus compañer@s le preguntaban y recomendaban que se uniese a las tareas de tod@s ya que había que trajinar muy duro para poder sobrevivir… Siempre era así en todos los hormigueros. Mientras los tiempos climáticos lo permitían había que reunir el máximo de alimentos para cualquier cambio de la climatología. Era un trajín constante, ya sabéis quienes habéis observado algún hogmiguero.

Pero Pocoatlantita se negaba a entrar. Pocoatlantita estaba triste, siempre elevaba sus antenas hacia lo Alto… Aquello era tan grande, distante e inmenso que le costaba imaginarse su magnitud. Sobre todo en algunas noches cuando había detectado esos millones de puntitos luminosos allí, pegados en la oscuridad. Sabía que había millones de criaturas vivas aparte de su comunidad: unas más diminutas, otras tan inmensamente gigantescas que en un plis-plás arrasaban con las filas de sus hermanas o con los hormigueros enteros, o cuando no, esos miserables gigantones se dedicaban a exterminarlas de cualquier modo posible, ignorando la ingente y necesaria labor de su comunidad para la Tierra Madre, cavando auténticas galerías de ventilación para las raíces de las plantas, limpiando de insectos moribundos o ya muertos el suelo de la madre, y haciendo a la vez de recolectoras, de auténticas salvaguardas de semillas de plantas silvestres al recogerlas en sus graneros.

Pocoatlantita estaba una noche sentada, como siempre en los últimos tiempos, a la puerta de su hormiguero. Las hormigas no habían tapado la entrada del túnel porque respetaban a su hermana y mientras estuviese viva había que dejarle entrar.

Esa noche Pocoatlantita vio que una luz blancoazulada se divisaba allí en lo alto. Entonces mirando con tristeza con sus antenitas izadas lo más alto que pudo se puso a llorar. La Luz fue creciendo, ya que se fue acercando hasta Pocoatlantita a una velocidad inusitada. En vez de sentir pánico Pocoatlantita se quedó allí casi semicongelada ante el espectáculo. De repente, escuchó algo así como un sonido celestial,… fue distinguiendo entre ese sonido una especie de “voz” o susurro que le hablaba:

–¿Qué te pasa pequeña P0coatlantita? Te vengo observando hace “tiempo” porque no dejas de observarme tú tampoco a mí.

–¿Quién eres Gran Murmullo de Luz?

–Soy tu Creador, he venido a ti en esta forma porque tú me lo has estado pidiendo. Pero quiero que seas tú quien me lo digas. ¿Qué quieres Pocoatlantita?

–Verás Gran Murmullo de Luz, no paro de preguntarme por qué soy tan pequeña, por qué no me has dado la oportunidad de ser un animal más grande en tamaño, o ser uno de esos animales tan raros que lo matan todo (yo no lo haría). Si me hubieses hecho más grande, de otra especie mayor, hubiese podido tener la oportunidad de saber mucho más y mejor de qué está compuesto ese techo lleno de lucecitas, tan enorme, tan distante y que mucho me huelo que son mundos muy distantes y distintos a éste.

— Verás hormiguita Pocoatlantita, eres tan importante en tamaño como cada una del resto de las criaturas Creadas. Eres tan importante para mí como lo puede ser cualquier otro ser vivo, incluyendo a esos a quienes ves como raros, ya que ellos forman parte de una rama que está en vías de aprendizaje para que de aquí a un tiempo puedan formar parte del Cosmos Creador y así poder ayudar al resto de Criaturas y a las grandes Madres, como vuestro Planeta Tierra. De momento, están cumpliendo su parte realmente mal, espero que no sea necesaria, de nuevo, una gran Corrección (para ellos una catástrofe inimaginable). Pequeña Pocoatlantita, como tú, habéis teramillones de vidas que estáis actuando armónicamente ayudando a la Madre, por eso sois tan necesarias, a pesar de las actuaciones necias de esos seres “raros”; por eso os tengo en tanta consideración y estima, porque sois la Base de la Creación; por eso, pequeña hormiguita Pocoatlantita, sois en tamaño Estelar más gigantes que cualquier ser de más tamaño, ya que vuestra Labor es el Fundamento de la Madre. No te puedo decir más que eso: Pecoatlantita, sois realmente la BASE de la Creación, vosotros, los teramillones de seres minúsculos, visibles y no visibles a los ojos “humanos”. En contraposición, vuestra Creación es tan exquisitamente perfecta que no se puede evaluar. ¿Cómo, Pocoatlantita, colocar en vuestras reducidas (a veces casi inexistentes) dimensiones, tanta información, tanta perfección que os permita, no sólo vivir y organizaros, sino además el permitir regenerar a la Madre sin descanso: Ella nunca descansa, Ella no siente cansancio, Ella siente vuestro dolor, como lo siento yo que soy vuestro Creador. Recibe mi Bendición y has de saber que no siempre tendrás esta forma, al igual que todo el resto, todos tenéis la oportunidad, vida tras vida renovada, de acceder a otras formas. Tu Tiempo llegará, eso depende de cada uno lo que elija Vivir. Es posible Pocoatlantita que ya estés preparada para otra forma “superior” en tamaño que a su vez haga reconocer y recordar a los de mayor volumen, que no han de olvidar, que han de respetar y amar a los seres más pequeños, como tú, Pocoatlantita. Quizás estés destinada, si así lo eliges, a habitar una forma mayor que te permita expresar todo eso que me estás diciendo a mí. Ahora regresa con tus hermanas y Ama la Vida que te ha correspondido, porque cualquier Forma lleva en sí la Vibración de la Eternidad.

 

Pocoatlantita se quedó dormida. Un pequeño rayo de Luz se posó sobre ella dándole una Bendición de Paz.

Al despuntar el Alba, cuando todavía no habían comenzado a sentirse los rayos de Sol, Pocoatlantita comenzó a percibir el bullicio del Hormiguero. Se desperezó, se limpió las antenas con las patitas, sacudió su pequeño cuerpecito y preguntó a la primera hermana que salió a laborear:

–¿Por dónde detectáis hoy la zona del alimento, hermana, o hay que buscar una nueva zona?

–Por fin, Pocoatlantita, únete a la primera columna que sale tras de mí, ellas ya te irán comunicando.

 

Un par de metros más allá, un diente de león había madurado y había que recoger las semillas que se pudiesen, así como briznas de hierba seca o verde que iban a servir para guarecer el Hormiguero.

Pocoatlantita lanzó por unos instantes su antenas hacia el cielo y pudo otear algunas nubes que iban lentas pero que iban a favorecer el trabajo aquel día. El Sol ya enviaba sus Rayos de Vida. Pocoatlantita entendió que cada uno de los fotones del Sol, tan minúsculo, tan in-aparente, invisible a los ojos, le estaba dando la Vida, no sólo a ella sino a las teramillones de formas de Vida que existían a su alrededor.

Finis

 

PARÁBOLA DEL CUENTO: “La Hormiguita le preguntó al Creador por qué era tan pequeña. El Creador le respondió que en lo Invisible se sustenta todo lo Visible. Es la Piedra Angular de la Creación.”

Autora de este cuento, que no es tal, pero lo parece: Aquarius.

 

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