Con tres heridas…

Con tres heridas, pero recogidas, disimuladas bajo esparadrapos…

Con ésas tres, y no otras, ahora contemplo, de nuevo este azaroso mundo, por no llamarlo “vida”.

Cuando ponemos en marcha lo imposible, lo imposible siempre saca su rostro para decirte que, ¡alto, ni un paso!

No ves insensata que no puede ser?

No ves que tratas de remendar un brazo cercenado con esparadrapos?

Son tres, posiblemente, cuatro, veinte o un millón que se me hunden hasta los ancestros más olvidados.

Sólo sé una cosa: la Magia ha de dar su Fruto. Cuando arranque esos esparadrapos del brazo cercenado donde se me priva del movimiento, habré descubierto que la Ciencia de los Milagros ha cubierto y entretejido los tejidos y con tejidos nuevos aquello que estaba incierto, aquello que estaba cercenado.

Tratan de apabullarnos los miedos ¡Alto, insensata, alto, detente, no ves que no es posible?!

Cállate tú insensato razonamiento, cállate que ya te toca, hay que poner en Danza millones de Movimientos olvidados que quedaron paralizados bajo tu bufarada: ¡Alto, deténte, insensata!

¿Alto, de qué? Jamás, jamás haré el alto. Donde  hoy me mandas detenerme nuevas puertas se abren, puertas que ya tenía olvidadas, puertas también de Al frente, Insensata, Ve,… Simplemente Ve…. Simplemente, así ha de Ser.

Me olvidaba, antes de que la hora maldita convierta la carroza en una calabaza: Las heridas son:

— Las incertidumbres papanatas del caos social

— El caos psicológico del razonamiento de lo racional y lo que se da en el caos de lo social

— La detención intencional de los caminos para evitar que nada llegue a buen lugar

¡Tal vez cansancio, tal vez tristeza de que este mundo no se abra como una Flor al Equilibrio y a la Armonía! Los esparadrapos son de trapo, no vendas para heridas, cuando los arranque veré que la Magia de la Vida, que la Magnitud de los Milagros: ES.

Eso sí, jamás hay que obedecer, ni lastimera ni por obediencia impositiva ningún ¡alto, deténte!

Nuestros grados de locura deben ser consecuentes y lanzarse a cruzar los desiertos y las imposibilidades donde la razón del caos de lo social impera: ¡Alto, deténte!

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