La profecía de Melquisedec

Melquísedec, el Rey del Mundo o de Salem (la Paz). El rey de Agartha.

¿Quizás es él el vigilante perpetuo hasta que el “mundo” actual desaparezca y empiece a devenir la Humanidad libre de su ego?

Cada día estoy más convencida del parasitismo humano, de su inamovilidad y de que, como en una pesadilla, antes arremeterá contra la humanidad misma en guerras y destrucciones inútiles… Es lo que hasta ahora nos han dejado como rastro, y lo que, hasta ahora, se practica con total beneplácito y benevolencia de las llamadas “naciones” del “mundo”.

Sólo hay una entrada hacia Agartha (aunque se señala más de una), pero la puerta que abre el Reino de SALEM, sólo es una LA SABIDURÍA. Sólo los sabios y humildes de Corazón, conseguirán con la Serenidad de Espíritu y la Luz que éste nos ofrece, llegarán a ver y a sentir que la nueva Humanidad llega a su real Evolución y Comunión o Matrimonio con el Cosmos y con la Creación,… con todos los demás Seres Vivientes y de vibraciones distintas.

El Sabio que reclama Agartha para que la luz se dé definitivamente en nuestro Planeta, ha de seguir los caminos de la Voluntad y el Deseo de que, esta humanidad no sólo está condenada a su desaparición, sino de que la nueva Humanidad, por fin, hará su aparición y la Tierra entera será SALEM.

La Paz no se construye, la Paz se vive. No existe este nombre donde sólo reina la Armonía, ya que el opuesto de paz es disputa y guerra.

PROFECÍA DE MELQUÍSEDEC

Cada día más se olvidarán los hombres de sus almas y se ocuparán de sus cuerpos. La corrupción más grande reinará en la tierra. Los hombres se asemejarán a animales feroces, sedientos de la sangre de sus hermanos. La Media Luna se borrará y sus adeptos se sumirán en la mendicidad y en la guerra perpetua. Sus conquistadores serán heridos por el sol, pero no subirán dos veces; les sucederá la peor de las desgracias y acabarán entre insultos a los ojos de los demás pueblos. Las coronas de los reyes, grandes y pequeños, caerán. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… Habrá una guerra terrible entre todos los pueblos. Los océanos enrojecerán… La tierra y el fondo de los mares se cubrirán de esqueletos, se fraccionarán los reinos, morirán naciones enteras… El hambre, la enfermedad, los crímenes desconocidos de las leyes… Cuanto el mundo no habrá contemplado aún. Entonces vendrán los enemigos de Dios y del Espíritu Divino que residen en el hombre. Quienes cojan la mano de otro, perecerán también. Los olvidados, los perseguidos, se sublevarán y llamarán la atención del mundo entero. Habrá nieblas y tempestades, las montañas peladas se cubrirán de bosques. Temblará la tierra… Millones de hombres cambiarán las cadenas de la esclavitud y las humillaciones por el hambre, las enfermedades y la muerte. Los antiguos caminos se llenarán de multitudes que irán de un sitio a otro. Las ciudades mejores y más hermosas perecerán por el fuego… una, dos, tres… El padre luchará con el hijo, el hermano con el hermano, la madre con la hija. El vicio, el crimen, la destrucción de los cuerpos y de las almas, imperarán sin frenos… Se dispersarán las familias… Se desaparecerán la fidelidad y el amor… De diez mil hombres, uno sólo sobrevivirá… un loco, desnudo, hambriento y sin fuerzas, que no sabrá construirse una casa ni proporcionarse alimento… Aullará como un lobo rabioso, devorará cadáveres, morderá su propia carne y desafiará airado a Dios… Se despoblará la tierra. Dios la dejará de su mano. Sobre ella esparcirán tan sólo sus frutos la noche y la muerte. Entonces surgirá un pueblo hasta ahora desconocido que, con puño fuerte, arrancará las malas hierbas de la locura y del vicio, y conducirá a los que hayan permanecido fieles al espíritu del hombre, a la batalla contra el mal. Fundarán una nueva vida en la tierra purificada por la muerte de las naciones. Dentro de cincuenta años no habrá más que tres grandes reinos nuevos que vivirán felices durante setenta y un años. Enseguida vendrán diez y ocho años de guerras y cataclismos… Luego, los pueblos de Agharti saldrán de sus cavernas subterráneas y aparecerán en la superficie de la tierra.

Como otra  de las tantas profecías viene a decir lo mismo. Pero es que, no son las profecías en sí mismas que se hayan o no de cumplir. Lo que está claro es que el estado vibratorio de los humanos dará en devenir lo que las profecías dicen.

Es demasiada la ignorancia sobre este Planeta, pero no ignorancia por saber quiénes nos dominan o no, quiénes nos explotan o no, quiénes nos engendraron o no… la ignorancia es la hija del desconocimiento consentido y de consentir que sean “otros” quienes tomen decisiones por ti y por nosotros. La ignorancia es el bastón de mando de la podredumbre y de la vagancia espirito-álmica del viviente humano, hasta estas fechas.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s