El hada triste

El hada triste es un cuento de Grian, incluido en su libro El Jardinero.

Conocí indirectamente a Grian hace muchos, muchos años, pero no personalmente sino a través de sus libros. Como ese acto sagrado que tod@s debemos preservar: nuestros amados libros, esos que siempre serán nuestros compañeros. Siempre los he llevado conmigo, en cualquier traslado, por muy viejos y desbaratados que estén, ahí estarán conmigo hasta que desaparezca yo de este plano, después no creo que nadie los quiera… o sí. Voy repasando mis viejos libros, mis viejos amigos, y voy encontrando, ahora con luz distinta que ilumina mi cerebro, los textos de tantos buenos sabios y conocedores-transmisores de eso que muchos estamos encontrando ahora. Ha sido así como ha llegado esta tarde, de nuevo, el libro de Grian a mis manos. Considero a Grian, ya que él mismo lo considera así, un Guerrero de la Luz. Cada cual aporta su semilla en esta gran aportación que todos estamos llevando a cabo.

Siguiendo con los sabios y la sabiduría, y para que entendamos muchos que ser sabios no es ser ni muy inteligente ni muy tonto, simple y llanamente la Sabiduría es algo que está en nuestro interior inscrito, porque estamos grabados por la genética cósmico-espiritual y con ello llevamos toda esa sabiduría interiormente, sólo hay que saber encontrarla y enlazar con los demás hermanos Sabios.

Os transcribo este cuento corto porque ha sido por donde he abierto la página (nada es casual, todo está sincronizado).

El hada triste

 Una noche de verano, cuando tierra adentro el viento no dejaba a la tierra refrescarse con el rocío, salió el jardinero de su cabaña con la intención de bañarse. Hacia rato que había amanecido y ya que no podía dormir, el jardinero decidió levantarse para refrescarse en el estanque.

Por el camino, cuando pasaba al lado de unas prímulas, descubrió de repente a un hada que estaba sentada encima de una flor. El jardinero se detuvo a observarla, a pesar de que el hada no se dio cuenta de la presencia del hombre. Con los codos sobre las rodillas, mantenía sostenida la cabeza con las manos, y tenía el aire de tristeza de una criatura pequeña.

–Buenos días, pequeña –le dijo el jardinero, a la vez que le causaba un sobresalto tan grande que cayó de la flor, desapareciendo entre la hojarasca–. Perdona que te haya espantado –volvió a decirle, cuando la vio apareciendo entre las hojas.

–No te preocupes, jardinero –dijo el hada–. Ha sido culpa mía no darme cuenta de tu presencia.

Y volvió a sentarse en la misma flor y en la misma posición en que la había encontrado el jardinero.

–¿Qué te pasa? –le preguntó–. Te veo triste y abatida.

El hada lo miró, y, como saliendo de un ensueño, tardó todavía unos instantes en responder.

–Ah…, es que… no me gusta ser un hada.

–¿Por qué? –preguntó el jardinero sorprendido.

–Porque me gustaría ser lista como un gnomo… o inteligente como vosotros, los humanos.

El jardinero meditó un momento la respuesta del hada, y después le dijo:

–La inteligencia es útil para unas cosas, pero no para otras.

–¿Cómo que no? La inteligencia es muy importante para todo en la vida…

–No, no, no!! –le interrumpió el jardinero–. Lo que es importante no es ser inteligente, sino sabio.

–No te entiendo –le dijo el hada moviendo la cabeza.

El jardinero se sentó en la tierra delante del hada.

–El roble no es inteligente, pero sí es sabio cuando es capaz de crear semillas llenas de vida que ni tan siquiera el hombre más inteligente podría crear. El águila no es inteligente, pero sí es sabia, cuando al criar a los polluelos sabe exactamente lo que ha de hacer para que éstos crezcan y se conviertan en aves majestuosas. De todas formas, hay hombres que son muy inteligentes pero no son sabios; cuando se lían en odios y guerras y utilizan su inteligencia para descubrir nuevas formas de destrucción y de hacer el mal a los demás hombres.

“No confundas la inteligencia con la sabiduría, y no desees tener aquello que no necesitas para cumplir tu misión en esta Vida. La Vida da a cada uno lo que necesita para hacer lo que ha de hacer, y le da esa sabiduría dentro de su propia Naturaleza para que, sin esfuerzo, pueda hacer las cosas necesarias en el momento preciso y necesario.

El hada dibujó una alegre sonrisa.

–Creo que te entiendo.

El jardinero suavizando el tono de su voz, y con palabras llenas de dulzura le dijo:

–No desees ser otra cosa que lo que eres: una delicada y bonita hada. Para que tu belleza llene los bosques de encanto y alegría, y, porque, con tu sabiduría salpiques con los colores de las flores y la fragancia de las plantas.

“¿Qué sería de nosotros, los humanos, sin el frescor de vuestro trabajo? ¿Para qué queremos tanta inteligencia si no somos capaces de darle esa fragancia a una flor ni la magia intangible al bosque profundo?

El hada, dando un salto de alegría, emprendió un rápido vuelo hasta llegar a la cara del jardinero, y, dándole un beso en la punta de la nariz, desapareció.

—————-

Grian sigue escribiendo, tiene su propia página o blog, podéis llegar hasta él, que, al igual que el Jardinero, puede que todavía esté lleno de sabiduría.

Espero que esa sabiduría jamás le haya abandonado… creo que no.

http://www.midnightsun.com.es/

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Una respuesta a “El hada triste

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