En este “mundo” cruel

Notas para una reflexión, no sólo personal, sino para quien quiera retomarlas.

Esto no nace ni del pensamiento, ni de los ensayos ni de las búsquedas, nace de la cotidianeidad terrestre, simplemente “terrestre”: estamos inundados, construidos y envueltos por energías, todo es energía: unas se manifiestan para bien, otras para mal. En cuanto abrimos cualquier brecha aprovechan unas (las negativas) para colarse y acabar de hacer de las suyas. Pero esto no es mío pertenece ya a un dicho muy popular: “Los males nunca vienen solos”.

Bien, este año rescaté, salvé, sané, o hice retornar a la vida a dos animales: el primero estaba muerto prácticamente y sin respiración, le habían atacado otros perros y estaba en paro cardíaco. Lo recogí y le reanimé mediante masaje cardíaco (en la forma en que sabía ya que no he recibido clases de ningún tipo). Estuve no sé cuánto tiempo, hasta que el animal comenzó a dar signos de vida, luego proseguí, luego le arropé cuando vi que había “vuelto”, aunque no tenía todas las esperanzas. Pasó la noche a mi lado hasta la mañana siguiente: sobrevivió y se fue recuperando y ahi está completamente bien: sano y dando leña de la suya, no ha guardado ningún temor al respecto, ahora lo tengo constantemente conmigo.

El segundo animal, ésta no hace mucho, unas dos semanas, una perrita anciana de unos 16 años le dio un paro cardíaco, tenía tos, se ahogaba y tuvo que pasar: lo mismo. La cogí a tiempo, nada más caer ya que estaba en vigilancia, la tuve al aire libre también igual, procediendo a masajearla, pero, francamente, ella estuvo más tiempo ausente, casi estuve por dejarla hasta enterrarla a la mañana siguiente, ya que era de noche. Sin embargo, seguí, y seguí casi de un modo intuitivo, hablándole: En ese momento vinieron hasta mí una serie de sentimientos o percepciones. Le estuve hablando muy directamente: “Venga, Niebla, vuelve, sé que en nosotros hay memoria, sé que en nuestras células está escrito el no-sufrimiento, sé que en nosotros está escrito el volver a recomponer lo enfermo y sanar lo que no está bien. Venga, Niebla, vuelve, vuelve, sé que puedes hacerlo”.

¿Milagro? No lo sé: Niebla volvió. Al día siguiente estuvo tosiendo, ahora tiene tos de vez en cuando pero no quiero medicarla, los medicamentos, a veces, no ayudan. Casi ya ni tose y ahora come con glotonería las comidas especiales que le doy. Ahí está Niebla.

No se trata de milagros, en el instante en que Niebla estaba muerta vi, claramente, que podemos MORIR y VIVIR sin dolor, podemos dejar esta vida sin dolor, podemos, simplemente marcharnos, sin que el dolor tenga que ser la puerta. Pero es más: Vi con tremenda claridad que en nuestro ser biológico, que en nuestras memoriaS (digo memorias ya que no sólo tenemos una sino infinitas) está escrito todo lo que digo: que podemos sanar, que cada una de nuestras células puede recuperar su Memoria para sanar y corregir para vivir y ayudarnos a vivir. Nuestro cuerpo físico no tiene por qué ser depósito de ningún dolor o sufrimiento.

No apegarnos a esta existencia, simplemente latir con ella. Sí, simplemente podemos recuperar nuestras Memorias perdidas, porque están ahí. Simplemente hay que dejarlas fluir.

En cambio, no hay que dejar que el dolor nos invada y que nos destruya, puede sonar un poco “anti-humano”, pero no lo es ya que cada vez que te detienes a sufrir, a contemplar lo perdido, a llorar, lo que haces es abrir la puerta a todos los “males” e infortunios, desgracias que se van sumando una a otra ya que lo que hacemos es abrir la puerta al dolor.

Con el tiempo he aprendido a algo muy sencillo y es que hay cosas que son inevitables: el dolor mismo, el dolor de la separación o de contemplar el sufrimiento ajeno. Es imposible negar ese dolor aunque sea por instantes, pero no se debe prolongar ese dolor, no se debe hacer ya que ponemos en tránsito esa inenudible realidad de hacer entrar todas las facciones negativas en nuestra existencia. No hace falta decir ni atestiguar que quien ha padecido algo más o menos grave, arrastra esas consecuencias nefastas, a veces hasta décadas enteras.

Para esos instantes tan innegables tengo un método y también perteneciente a nuestra realidad: “Bien, sé que te has de marchar, yo también marcharé, volveré a estar contigo, volveré a ir allá donde vas a ir tú. Simplemente me despido hasta después. No me separo, simplemente te digo hasta luego. Dejo ir mi dolor con el tuyo ahora, y dejo fluir mi dolor tras del tuyo. Hasta siempre”.

Esto lo he aprendido a poner en práctica y, sí, funciona ya que no dejo que el dolor traspase toda mi existencia, sólo le dejo vivir lo justo no dejando así que ninguna otra energía negativa vuelva a hacerme pasto de sus vibraciones.

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