Huele a desesperación

Sí, todo huele a desesperación… los seres vacíos… el vacío de los seres, la secuela de esta saga humana que no termina nunca porque siempre propone nuevas miserias y nuevos exterminios a todos los niveles.
Y no se trata, sólo, de las tristes tinieblas de las gobernanzas, sino del vacío espiritual humano.
Los lazos se alejan, se rompen: los padres tendrán que matar a sus hijos y los hijos tendrán que sembrar el vacío y lanzarse hacia la oscuridad más terrible de todos los tiempos…
“Padres” biológicos que venden a sus hijos, padres biológicos que castigan a sus hijos, padres biológicos que adiestran a sus hijos… estos “padres” no son los padres de las criaturas, pero se nombran sus propietarios.
Las criaturas, terribles seres perdidos en la inmensidad de este vacío de humanos sucumbe en el mar embravecido de la violencia: todo es violencia, y como olas les inundan los ojos, los oídos, la boca, los cuerpos, las mentes, las células… no queda ni un rastrojo auténtico del rastro de haber Nacido en un mundo que, teóricamente, tendría que haberles acogido con júbilo y alegría… no fue así… Los sabios se extinguieron, fruto de la brutalidad de la especie humana que sólo albergaba para sí misma una finalidad: la extinción.

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